Enclavada en el corazón de la Toscana, es una ciudad que encierra siglos de historia, arte y cultura. El punto de partida ideal es la Piazza Grande, escenario de la famosa película de Roberto Benigni La vida es bella, rodeada de edificios medievales y renacentistas.
No te pierdas tampoco la Iglesia de San Francesco, que alberga el magnífico ciclo de frescos de la Leyenda de la Vera Cruz de Piero della Francesca, una obra maestra del Renacimiento. Pasea por las antiguas murallas de la ciudad hasta la Fortezza Medicea para disfrutar de una vista impresionante de la ciudad y del valle circundante.